martes, 17 de marzo de 2009

Fernando Solana: Elitismo para todos (no publicado)



Para llegar a ciertos estados psicomentales es necesario pasar por cinco matrices: la ignorancia, el sentimiento de la individualidad, el apego, la repugnancia y el amor a la vida. Eso nos dice Fernando Solana Olivares en uno de los cuentos de Cuarenta y nueve movimientos (Terracota 2008).
Solana Olivares, columnista de Milenio diario, logra con este libro empatar las ideas filosóficas, místicas y metafísicas (que a través de humanidad ha creado el hombre en su búsqueda de la Verdad), con una narrativa desconcertante debido a los planteamientos que pueden encerrar un párrafo: “Esta noche danza la ronda de los hechiceros, cuando los hombres no necesitan otro arte distinto al que practican. El arte del arte. De ahí vendrá después el sentimiento de lo religioso, pero ahora su Señor es un bailarín y el círculo baila sus pasos mágicos. Entrar al otro lado ocurre aquí mismo, el centro está en todas partes, la circunferencia en ninguna”.
Cuarenta y nueve movimientos contiene las historias de B., personaje que ha de transitar por varias etapas históricas del hombre en busca de la Verdad. Es B. pero son muchos personajes. Ya un B. resulta amante de María Magdalena, quien lo ha abandonado por seguir a Jesús; o es un hombre que se pierde en El Cairo, o es un periodista que pertenece a una secta, o bien, es un espíritu que se mueve, tal como recomienda el budismo. Hasta aquí la “ignorancia”.
Luego el libro se transforma en una obra ensayística, en flujos de conciencia (como advierte la contraportada), y el autor, tal vez otra de las personificaciones de B., establece un diálogo con escritores estadounidenses, con ideas de movimientos literarios como el beatnik que en sus inicios aplicó un mal entendido budismo. Entonces llega el “sentimiento de individualidad” y el “apego”.
De pronto los cuarenta y nueve movimientos plantean al lector una serie de reflexiones en torno al personaje Bartleby, de Herman Melville, y su “preferiría no hacerlo”. Esto resulta la introducción al análisis de cómo se transformó el mundo tras los acontecimientos del 11 de septiembre. Esta “repugnancia” va impregnando el libro de a poco.
Al final, la historia de unos jóvenes sobrevivientes que han de terminar tomados de la mano, nos llevan al “amor por la vida”, pasando así por todas las matrices que se deben recorrer para llegar a la verdad.
De esta manera, el libro de Solana Olivares deja de ser sólo una mezcla de cuentos y ensayos, y se convierte en un texto al estilo de Así habló Zaratustra (si se permite la semejanza) donde la filosofía camina acompañada de la reflexión y de la narrativa, del arte en sí. Cuarenta y nueve movimientos es un libro atípico en las mesas de novedades, pues representa un riesgo para el lector, un riesgo y un compromiso, pues una vez que se termina su lectura se cierran los ojos en busca de oscuridad, ya que tanta luz pudo haber provocado ceguera.

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