martes, 21 de febrero de 2012

El desconcierto que invade la realidad*


En América Latina se tiene una gran tradición de literatura fantástica, desde Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, en Argentina, hasta Francisco Tario y Amparo Dávila, en México. Sin embargo, esta rama literaria tiene su origen en la literatura anglófona de hace un par de siglos, donde el terror, el misterio y lo inexplicable se hacían presentes en la cotidianidad de los personajes e invadían su mundo hasta provocarles más que ligeros estremecimientos.

Así, “lo fantástico” se basa en que un hecho extraño, cuya procedencia se desconoce, aterriza en la vida de un hombre y la altera logrando, la mayoría de las veces, consecuencias funestas para el protagonista. Todo esto sin que el lector ni el personaje tengan claro qué ha pasado ni se explique el fenómeno fantástico.

Relatos fantásticos, de Iván Turguéniev (Rusia, 1818-Francia, 1883), sin embargo, es una serie de nueve cuentos en donde al final se explica el origen real de lo fantástico y se atribuye el hecho a sueños, a influjos mentales o a bromas de alguno de los personajes. A pesar de ello, los cuentos no dejan de asombrar y provocan que el lector esté al borde de la página anhelando conocer el desenlace.

En “El sueño”, por ejemplo, un hombre sueña con otro a quien le atribuye ser su verdadero padre. Al despertar y deambular por la ciudad se encuentra con el hombre soñado y le hace plática para despejar las dudas que dormido tuvo. Entonces el supuesto padre comienza a cuestionarlo sobre detalles en específico y cuando ha conseguido la curiosidad del joven, desaparece. A partir de ese instante, la vida del protagonista y de su madre han de cambiar por la reaparición del hombre que un día se aprovechó de ella, le engendró un hijo y le robó un anillo que da fe del hecho. Si el hombre misterioso es un fantasma, un espectro o un muerto, es algo que deberán averiguar los protagonistas.

Por su parte, en “El relato del padre Alexéi” se muestra a un viejo apesadumbrado que cuenta la historia de su hijo: el joven un día comenzó a ver una sombra quien lo impulsaba hacia lo malvado. Por ello, abandonó estudios y regresó a la casa paterna con un carácter hosco y meditabundo. Y cuando parecía que había encontrado la felicidad gracias a una mujer, todo se vino abajo debido a esta sombra demoniaca, quien ni siquiera lo abandonó tras ir en peregrinación y rezar por su bienestar.

O en “La canción del amor triunfante (MDXLII)”, donde se narra la vida de una pareja de amigos que se enamoran de la misma mujer. Tras disputarse su amor, uno se casa con ella y el otro se va del país hasta que su impulso amoroso lo abandone. Sin embargo, tras haber recorrido Oriente y otras exuberantes tierras, un día vuelve y se instala en casa del matrimonio. Ahí, a través de hechizos logra entrar a la habitación nupcial y tomar por la fuerza (y en sueños) a la mujer aún amada. Todo esto, de la mano de un ayudante mudo que más que ayuda de cámara es un brujo enamorado de la vida de su “amo”.

En “Toc, toc, toc (un estudio)”, quizá el cuento más ruso del volumen (por su ambiente y el talante reflexivo de los personajes), el lector asiste a un engaño que desencadena la locura en un militar: un amigo finge dormir y empieza a tocar en un muro hasta que el militar piensa que algo o alguien lo llama. Al salir a averiguar descubre que una voz lo nombra y lo atribuye al fantasma de una mujer a quien le prometió amor y no le cumplió.

Así, Relatos fantásticos es un excelente libro cuyo mayor defecto es el título, pues para un latinoamericano resultará incomprensible que en un cuento fantástico se explique que lo anormal no es sino un equívoco o una alucinación que tiene una razón de ser. Sin embargo, la maestría de Turguéniev queda demostrada en la mayoría de estos relatos que deslumbran por su imaginación y por la forma en que adentran al lector en la psicología de los personajes. Es decir, si el volumen simplemente se llamara Relatos, no tendría ningún pero.

Turguéniev, Iván (2010), Relatos fantásticos, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 404 páginas.

Publicado en Adefesio.com

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