miércoles, 8 de febrero de 2012

Morir más de una vez, de Álvaro Uribe*



Scherezada relata cuentos y retrasa el final para no morir. En “Un milagro secreto”, de Borges, el instante en que el pelotón fusila a un hombre, el tiempo se detiene y el futuro muerto puede terminar de escribir su obra magna. En Morir más de una vez, de Álvaro Uribe, ocurren las dos cosas o quizá ninguna: tres amigos viajan en auto por una carretera de Francia. De pronto uno de ellos se sienta al volante y empieza a acelerar sin medir las consecuencias. Todo va bien (la emoción, la adrenalina) hasta que al salir de un columpio de la carretera se atraviesa un tractor, chocan con él y mueren. O tal vez no. Entonces ‘Manuel Artigas’, quien es ‘Yo’, pero también es un autor que ha escrito algunos libros bajo el seudónimo de ‘Álvaro Uribe’, comienza a relatarnos que pasó con esos tres amigos en Francia, de no haber ocurrido el accidente automovilístico, antes de que él regresara a México y le detectaran cáncer y lo operaran (exitosamente) y se sometiera a una serie de quimioterapias que le haría descubrir el peso de la enfermedad (de la cercanía con la muerte) y se pusiera a escribir Morir más de una vez.(...)
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* Publicado en Librosampleados

El recuerdo como forma de conocimiento*


Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) afirma en El cuerpo en que nací: “Se dice que el giro tan conservador que dio la generación a la que pertenezco se debe en gran medida a la aparición del sida, yo estoy segura de que nuestra actitud es en buena parte una reacción a la forma tan experimental en que nuestros padres encararon la vida adulta”. Es así, como a partir de los recuerdos, la personaje de esta novela (sospechosamente parecida a la autora) escribe una biografía en la que va acordándose de su infancia y adolescencia, pero sobre todo en la que se permite irse conociendo a través de su pasado.

La protagonista tiene un lunar blanco sobre la córnea del ojo derecho y esta particularidad (que algunos nombran defecto) la hará sentirse parte de un mundo de excluidos que por eso mismo se creen diferentes al resto. Sin embargo, las memorias de esta mujer se convierten en un retrato de la generación de los setenta que creció con padres muy liberales (quienes habían vivido los excesos de la década de los sesenta; quienes pretendían deshacerse de tabúes; quienes creían en comunas hippies, en las escuelas montessori, y quienes consiguieron que sus hijos comenzarán a apropiarse de todo el mundo moral y reaccionario que sus padres quisieron eliminar).

El cuerpo en que nací es un bello recuento, sazonado por la experiencia propia y con anécdotas tal vez inventadas por la protagonista, pero por eso mismo cargado de una nostalgia gozosa. De esta forma, esta narradora va desde el momento en que observa a los padres de una de amiga teniendo relaciones sexuales sin inmutarse, hasta el instante en que los propios se divorcian y la madre se va a Francia a realizar estudios y a tener un novio, mientras el papá es encarcelado. Todo ello en medio de comunas hippies, experiencias con drogas, vivencias al lado de una enérgica abuela y el deseo de convertirse en escritora.

Esta mujer que de pronto se descubre atractiva para los hombres, que va a la cárcel a convivir con el padre, que viaja como escritora a diversos países, que recuerda a una niña vecina que ante la locura de su alrededor una noche decidió inmolarse, llega al psicólogo y le relata su vida. Pero más allá de estar en la tumbona imaginaria, escribe sobre su vida como exorcismo y se sincera ante el hermano, quien se ha enterado que piensa escribir del pasado en común: “Por primera vez en un año y medio me senté a escribir con gusto en la computadora decidida a convertir en realidad esa ‘famosa novela’. Voy a terminarla aunque me lleven a juicio o lo que sea. Será un relato sencillo y corto. No contaré nada en lo que no crea”.

Y sí, entrega el más logrado de los libros de Guadalupe Nettel. Una presunta biografía que nos hace saber de su falsedad, de que no es una biografía, en un dato nimio: la protagonista va a la penitenciaría de Santa Martha “Catitla”. De este modo, el lector debe aceptar que por más bello que sea el relato, que por mucho que la protagonista se asemeje a Nettel, El cuerpo en que nací es una novela que se cuelga de la realidad para embellecerla por medio de las palabras.

Nettel, Guadalupe (2011), El cuerpo en que nací, México, Anagrama/Colofón, 200 páginas.

* Publicado en Adefesio.com

Cuentos de atar, de Paco Pacheco*



(...) Pacheco entrega un libro de cuentos que exige la complicidad del lector, así como la ligereza para no considerar esta metaliteratura algo digno sólo de especialistas. Hay, también un afán lúdico que busca compartir la burla de todos quienes participan en el proceso de leer: lector, autor, narrador, personajes. Es además, un cuentario vanguardista que ya presagiaba lo que durante estos primeros años del siglo XXI habría de innovar cierta narrativa joven mexicana.
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*Publicado en Librosampleadoa

La Fábrica del Lenguaje, S. A., de Pablo Raphael*



(...) La Fábrica del Lenguaje, S. A., tiene por supuesto un olor a amiguismo (de qué otra forma se podría abarcar un panorama tan amplio), pero esto no impide que el análisis realizado por Raphael despeje algunas dudas de por qué la generación de los setenta está en este momento buscando definirse: lo hace porque al no haber crecido con un referente (ideología, símbolo, ídolo) hoy necesita encontrarse antes de asumirse madura. Si es cierto que el hombre pasa por tres grandes cambios (el sexual, el ideológico y el religioso), algunos de estos escritores están a punto de llegar a su conversión religiosa y con ello podrán escribir las obras representativas de su generación. Así, la sentencia que Pablo Raphael da a las novelas bien podrían definir a La Fábrica del Lenguaje, S. A.: “Las novelas no pontifican, saben hacer preguntas y son una prueba de la observación intuitiva hecha drama histórico”. A los escritores nacidos hace 40 años les toca ahora empezar a brindar sus respuestas. De mientras, Raphael ha abierto un camino por donde avanzar.
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* Publicado en Librosampleados

lunes, 9 de enero de 2012

El escritor que se convirtió en político*


En abril de 2000, Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1926) acudió al Tecnológico de Monterrey a impartir la conferencia “Literatura y política”, en el marco de la Cátedra Alfonso Reyes. Como parte de este evento, quien más tarde sería galardonado con el Premio Nobel, hizo un resumen de su vida y de sus pasiones: por un lado el lenguaje y su amor por éste, y por el otro su vida como actor político en su país (cuya culminación fue la candidatura presidencial en 1990, misma en que resultó derrotado por Alberto Fujimori).

Representante del llamado “boom latinoamericano”, Vargas Llosa comienza por cuestionarse por qué hoy se vislumbra a la literatura y a la política como dos cosas disociadas, pues en la década de los setenta y ochenta nadie se cuestionaba si debía escribir literatura o dedicarse a la política, ya que ambas eran partes de un mismo asunto: el bienestar de la sociedad. “Quienes pensaron alguna vez que podían cambiar la vida, la historia, escribiendo novelas o poemas parecen, desde la perspectiva de los escritores contemporáneos cultores de la literatura light, ingenuos, vanidosos o idealistas totalmente desconectados de la realidad”.

Así, el autor de novelas que retrataban y condenaban la vida peruana y la política de países como República Dominicana, censura a la literatura que sólo busca la belleza del lenguaje: “Yo tengo el convencimiento de que, si la literatura sólo es eso y sólo propone eso, está condenada a empobrecerse e incluso a desaparecer. No creo que proponiéndose entretener la literatura pueda sobrevivir en una sociedad en la que hay tantas maneras de divertir, distraer, apartar a la gente de la rutina cotidiana”.

Sin embargo, para rescatar a novelas como La guerra y la paz señala que éstas retratan al individuo y su sociedad, de tal forma que se vuelven políticas pero sin caer en el panfleto: “La gran literatura es grande no sólo por razones estrictamente literarias, sino porque en ella el talento, el dominio del lenguaje, la sabiduría en el uso de las formas sirven para que en nosotros se produzcan cambios, no sólo como individuos amantes de la belleza literaria, sino como ciudadanos, como miembros de un conglomerado social”.

De esta forma, Vargas Llosa establece su credo y su maridaje con la novela, de la cual asegura que está envenenada de humanidad y por lo mismo retrata incluso sus defectos: “la novela es un genero esencialmente imperfecto y, en este sentido, el más humano de todos, porque incluso da cuenta de la imperfección humana en su propia esencia”.

Por ello, Literatura y política se convierte en un mapa para entender la literatura del también Premio Príncipe de Asturias y del Premio Miguel de Cervantes, en el cual se puede rastrear la infancia que lo marcó desde el punto de vista social, hasta su etapa adulta en la cual se ha convertido en un puntilloso ensayista que desde su escritorio de novelista es capaz de discernir sobre los problemas políticos que asolan a su natal Perú, pero también a todo el mundo.

Vargas Llosa, Mario (2001), Literatura y política, México, Ariel / Tec de Monterrey, 112 páginas.

*Publicado en Adefesio.com

Antología personal, de Gonzalo Martré*


Con la llegada de Vicente Fox a la Presidencia de la República en 2000, en México la figura presidencial perdió la solemnidad y el respeto que se le tenía. Entonces, caricaturistas, líderes de opinión y periodistas comenzaron a hacer abiertamente burlas del presidente y de su círculo cercano. Más tarde, con la masificación de las redes sociales y el anonimato que éstas permiten, este libertad se extendió a la población en general, quien hoy en día puede incluso mentarle la madre al presidente sin aparente consecuencia (con excepción de algunos gobernadores que han encarcelado a tuiteros o el hombre que fue detenido después de burlarse de la muerte del secretario de Gobernación). Sin embargo, hace 15 años o más, satirizar a un político o a un personaje que estuviera cerca del poder significaba la muerte (literal o metafórica) para el “gracioso” que se atreviera. Gonzalo Martré (Meztitlán, Hidalgo, 1928) fue uno de los pocos que se atrevió y eso le valió la censura en la cual ha vivido. Leer más...

*Publicado en Librosampleados

El temor que conduce a la miseria*


Existe la falsa creencia de que leer convierte a la gente en mejores personas. Si esto fuera cierto, los escritores (quienes supuestamente leen mucho) serían tipos en quien confiar, sin embargo, al menos el personaje de Arraigo domiciliario, es un cobarde y un imbécil.

Novela que cuenta la época de desventura de un individuo de quien nunca se sabe el nombre, Arraigo domiciliario, de Óscar Escoffié Padilla (México, D.F., 1972), es una historia sobre las miserias de un joven quien con tal de no enfrentarse a los malos entendidos es capaz de llegar a la mendicidad y a olvidarse de familia, trabajo y futuro. Todo comienza cuando el abuelo del personaje llega a vivir con él e inventa chismes: al parecer al nieto le gustan las niñas y por eso las atrae regalándoles dulces. Así, el día que una pequeña aparece muerta y violada, las habladurías del abuelo parecen acusar al protagonista. Por lo anterior, cuando una turba va a lincharlo, el personaje huye de esa casa y empieza su recorrido por una ciudad que es hostil debido a las coincidencias que siempre juegan en contra de él.

Escritor de un semanario, maestro y antiguo autor publicado, este hombre es un desagradecido con las personas que le brindan su confianza: una prostituta a quien miente respecto a su identidad, un amigo que lo convierte en titular de un taller literario al que el escritor se empeñará en hacer fracasar, y un matrimonio que lo ve como héroe por brindarles unos minutos en que le muestran los versos que ha escrito la mujer (quien ahora vive en silla de ruedas).

Novela que narra la humildad de algunos personajes y la pobreza espiritual del protagonista, Arraigo domiciliario es una efectiva narración que le valió al autor el Premio Nacional de Novela (Premios Nacionales de Literatura Ciudad Ecatepec 2008 en homenaje a Enrique González Rojo Arthur). Muestra, además, la pedantería de cierto tipo de escritor que habla de miseria cuando nunca la ha sufrido y que cuando la padece se cree por encima de todos. Quizá por ello, el protagonista no hace sino criticar todo su entorno aún cuando es mejor que el caos en que vive: “Al principio prestar atención era morbosamente intrigante, luego, máxime si querías descansar, oír lo inevitable era realmente molesto”.

Sin embargo, cuando el personaje principal se convierta en un ser deleznable será cuando al fin consiga un poco de humanidad: “Un poquito de gentileza: a veces eso era todo lo que precisaba un derrotado para resistir cien batallas más”.

Arraigo domiciliario es una tragedia, es cierto, pero el protagonista es tan desfachatado que consigue que el lector ría de la mala suerte que lo persigue. Así, la novela se vuelve un retrato ameno sobre la caída de un hombre que teme enfrentar sus problemas.

Escoffié Padilla, Óscar (2008), Arraigo domiciliario, México, Verso destierro, 160 páginas.

* Publicado en Adefesio.com